algunas veces

Caminas y escucho

tus pasos serpenteando la vereda

la vereda que es la vida y que recorre las montañas.

El suave rumor acaricia tu pensamiento

me llegan

como entrecortados

los soliloquios

en la brisa de la noche.

Algunas veces me detengo

mi flecha cruza el viento alado

lo destruye.

Algunas veces me adelanto al propio paso de los acontecimientos

materializo la ruta de los besos

anego el sendero.

Soy mar y vuelvo al viento.

 

30 años e hijos 

El rector de la UB en ese tiempo (2014-2), abrió la conferencia de bienvenida a todos los Erasmus y los estudiantes de libre movilidad diciendo: este programa ha traído más hijos al mundo que nadie. Más de un millón de parejas y sus frutos se han conocido en alguna ciudad europea. Y no mentía. 

La población ha crecido no sólo en números, también en nacionalidades. Porque Erasmus, aunque sea un proyecto europeo, de partida académico, se enfrentó con algo que no se planteó en realidad: las emociones. 

Las emociones que llegaron para quedarse, han sido lo más importante del intercambio cultural y educativo. Las cifras nos sirven para una revisión cuantitativa, incluso podemos inferir ciertas ideas cualitativas en un trabajo más social y/o antropológico, pero siempre olvidan al individuo. Ese ser que decidió partir por quién sabe qué idea (presión social, presión académica, curiosidad, estatus) y llegó a otro país, se enamoró. De alguien, del país, de la libertad. Recordemos que este proyecto desencadenó otros tantos en América Latina, Asia, Estados Unidos, y esto ayudó a la movilidad a alta escala que provocó aún más hijos y más nacionalidades. 

Para mí es muy claro que no hay sólo un beneficio de países e instituciones, que el viajar a otro país te abre dos mundos: el interior y el exterior, pero hacer énfasis en la población para instarla a irse es difícil especialmente cuando se tiene miedo de que nos quedemos fuera del país para siempre. 

Irse siempre te puede llevar a dos cosas: o te quedas o te regresas. Regresar puede significar impotencia, pero también emoción por cambiar el país de origen hacia algo más claro y entendible. También puede desencadenar una exploración profunda sobre nosotros mismos que desemboque en un marcado odio hacia lo extranjero. De cualquier manera niños han nacido, matrimonios han empezado y terminado, y las relaciones que surgen por todo esto acercan a los países desde un punto de vista legal y responsable. 

Y sin entrar en lo que es mi tesis (estoy emocionada porque ya terminé la carrera ayer y finalmente solo me queda trabajar la tesis), que no quiero marear a nadie, digo que hay un tercer nivel que se ha explorado poco y ese es el de todo aquello dentro de nosotros que nos lleva al afuera y el mundo que nos rodea. 

A veces los hijos son metafóricos, son proyectos, cambios y nuevas multitudes en nuevas ciudades que nos parecen más nuestras que las propias. 

Talidomida. Una familia y el resto.

Mi padre nació hace 53 años en la costa pacífica mexicana. Mi abuela nunca se mareó ni vomitó con su primogénito en gestación. Aún así, alguien le recetó las milagrosas pastillas o de alguna forma cayeron en sus manos. Probablemente el hecho de no haber presentado nauseas la haya librado de la ingesta abrumadora de 40 pílodras al trimestre y haya salvado casi todos los miembros de mi padre, pero es verdad que después de nacido, mi abuelo no quiso ni verlo. Tenía la mano derecha a medio terminar.

Durante décadas, más de 10 mil mujeres como mi abuela, vivieron(y algunas se suicidaron) con el estigma de haber sido unas malas madres, portadoras de quién sabe qué genética malvada. Lo que muchas todavía no saben, y no supieron, pues se recetaba como un agente milagroso, es que la píldora era la causante de dichas desgracias.

Los investigadores descubrieron que la talidomida atravesaba la barrera placentaria, causando graves defectos de nacimiento en los bebés, consistentes en ausencia total o parcial de las extremidades: en muchos casos tenían tres dedos en cada mano o pie, como si se tratara de aletas, y estos nacían directamente de los hombros, rodillas o ingles.

Niños sin ojos, sin paladar, sin manos, piernas, sin oídos, habrían de nacer durante casi una década en diversas partes del mundo. En pocos lugares se explicó la causa. En menos aún, se peleó por ello, ganando grandes sumas contra la farmacéutica alemana que las puso en circulación. En cada país el medicamento cambió su nombre y tuvo poco éxito su prohibición.

México es uno de esos países donde entró como un agente milagroso y salió en silencio, como el culpable de un exterminio. No hubo explicación alguna para los hijos y sus madres.

Estaba viendo la última temporada de Call the Midwife, drama inglés de la BBC que termina cada capítulo con emociones y tristeza por igual. En ella fue donde me enteré de la talidomida. Inevitable hacer la conexión entre la hija sin extremidades de una madre inglesa en el 62, cuando las parteras la ven por primera vez y no saben cómo contestarse porqué no tiene brazos ni piernas, con mi padre y la consternación del personal de salud del seguro social cuando llegó a este mundo. Inevitable también la idéntica reacción del marido de una y del marido de la otra. Sólo que en la serie, él decide entender a la esposa y luchar por su hija, y en el caso de mi familia se resolvió con otro hijo, recién engendrado apenas nació mi padre, y al cual se le dio todo lo que al mio se le negó: una figura masculina que le inculcara el amor por los deportes, el tomar cerveza con los amigos, el decir lo que quería sin temor a ser la burla.

descarga (3)

Los efectos secundarios del fármaco van más allá del aspecto de los niños, internamente también tenían problemas físicos con sus órganos. La sociedad no estaba preparada para un mundo con niños sin brazos ni piernas. Pronto se convirtieron en objeto de burla y de miedo, tanto hijos como madres y familias enteras, todo, por una píldora que no debió de haber existido.

¿Porqué dejamos que algo tan siniestro afectara al mundo de la manera en que lo hizo? En definitiva, no hay una razón plausible. El dinero y su maquinaria podrán tener que ver de manera directa. He estado investigando y la farmacéutica alemana que inició todo, contrataba científicos nazis. Esta “droga milagrosa”, como se llamó, nació en laboratorios donde los arios se sentían la mayor apuesta del mundo. Eran otros tiempos, sí, pero aunque los casos se sumaban en el mundo, no se hacían análisis, y se hipotetizaba con que las radiaciones eran las causantes, así como repercusiones de bombas atómicas.

En Inglaterra se prohibió hacia 1961, aunque se siguiera tomando en lugares desprotegidos y marginales pues las noticias no viajaban tan rápido. Lo mismo, asumo, sería con el resto del mundo. Mientras menos se supiera, mientras menos infraestructura, más fácil sería que el medicamento continuara su venta en los demás países, como Brasil, donde todavía se puede comprar sin receta.

Lo más sorprendente es cómo podemos pasar por alto focos de alarma tan altos como éste, cuando se sabía de nacimientos por todo el mundo de niños con extremidades cortas, que nadie hiciera un estudio detallado, que inclusive tuviera el mínimo atisbo de que algo está pasando, demuestra que debemos preguntarnos todo el tiempo sobre todo lo que acontece, especialmente cuando son fenómenos de la salud mundial. Se especuló que eran las bombas atómicas las que producían estos efectos, pero ¿frente a sus narices los doctores recetaron estos medicamentos y nunca lo imaginaron?

 

Me parece increíble que Grünenthal, la empresa alemana creadora de la talidomida, siga haciendo de las suyas; que hasta 2010 Harald Stock, su director ejecutivo haya hecho pública su disculpa a nivel mundial por las pastillas negando su implicación legal y diciendo que la droga se testó de acuerdo a los tiempos que corrían y que no notaron nada, de igual manera como no sabían que dicha pastilla podría traspasar la barrera de la placenta; que sea una de las empresas líderes (multinacional) del mundo farmacéutico, haya seguido sus estudios y nadie los haya detenido todavía no sólo escandaliza, horroriza.

Distillers, la compañía que produce Gordon’s Gin, Johnnie Walker y Pimm’s, fue aquella que, en nombre de Distaval, vendía las pastillas en Inglaterra (en un intento de expandirse, decidieron probar con la industria farmacéutica, ahora se llaman Diageo). Vender una droga no testada, sin saber sus consecuencias, y que siga siendo una marca que va por el mundo vendiendo sus -qué curioso e irónico- otros venenos en forma de bebida embriagante.

Recuerdo una anécdota que mi padre me contó. Cuando era pequeño y otros niños se quedaban viendo insistentemente su manita, él los sorprendía mirándolos sin vacilar y les contaba, sin un sólo parpadeo de duda, la fantástica historia de la pérdida del miembro en un accidente donde se había salvado de un fatal fin. Dos cosas tengo presentes: la fantasía ha estado en mi desde entonces, para contar historias tristes y adornarlas con la locura divina, y la perseverancia de alguien que supo salir adelante no obstante todo lo que se le avecinaba. Diestro, aprendió a ser zurdo y a desenvolverse en un ambiente nocivo. A bailar, a cantar, a entender que su vida no iba a terminar por tener una mano chiquita.

descarga (2)

La cerveza y dónde encontrarla

Abro la puerta del refrigerador y me encuentro un six de xx ámbar.

Me quedo unos segundos observándola. En mi mente se divide un pensamiento. Qué rica, por dios, invade un polo. Y el otro, en un continum maravillado, se percata que esas cervezas son suyas y que es interesante que sean, definitivamente, suyas.

Hace un tiempo sucedió con el vino, pero esas eran cosas que parecían del día a día. Me gustaba el vino. Me gustaba mucho el vino. No sé en qué momento me encontré a mi misma en los pasillos de un supermercado decidiendo qué vino llevar a casa para el propio autoconsumo.

Finalmente me acepté como bebedora e inclusive en la búsqueda de reinar una cava. Estaba contenta. Algún novio que tuve me cultivó aún más el amor por el vino, así, podía definitivamente tomarme un litro sin que se me subiera tanto a la cabeza. Pero nunca logró que me gustara la cebada. Puag.

Después de muchos años de una relación de odio con el líquido amarillo, fue el año pasado cuando caí presa de su inequívoco sabor. El olor aún me sigue produciendo asquito, pero el sabor de la cerveza ámbar me gustó tanto que no tardé en buscar lugares dónde comprar un montón de nuevas variedades: las artesanales, las extranjeras, las de siempre. Mi gusto no es fácil, y en realidad no hay ninguna que iguale la xx ámbar, pero me encanta probar el vasto mercado.

¡Quién lo diría! Estoy segura que mi vida habría sido menos dura de haberle abierto los brazos a la señora cerveza. Una sola, en tu mano, en la noche menos fría, al compás de alguna rumba, provoca repentinamente diez admiradores. Pero siempre estaba ahí, con una copa de vino en mis manos, si bien me iba. Generalmente era agua.

Nadie entendió nunca cómo pude sobrevivir tanto tiempo a una bebida tan normal. La verdad es que nunca me gustó, y quizá sea una bebida de gusto adquirido, o sea, con el tiempo. Como todas las bebidas, en realidad.

Ahora me encuentro prefiriendo una cerveza sobre una copa de vino. Mi ex podría reírse. ¡Quizá seguiríamos juntos! (Era un cervecero empedernido).

Para encontrar una buena cerveza en esta ciudad basta con tenerla en el refrigerador. Los lugares son siempre, lo de menos.

 

Llegar a lo impensable

Españolsexy32, de casi 35 ahora, nunca pensó que me convertiría en ferviente admiradora de Twin Peaks, aunque me hizo ver todos los capítulos que nos fue posible durante nuestro breve romance. 

Después de tres años (WOW, tres años ya están a punto de pasar), y de manera aleatoria, llegué hasta Utah para voluntatear en Sundance. ¿Y qué hay en Utah? Un pequeño pueblito llamado, justamente, los picos gemelos. 

A veces uno, sin pensarlo, hace planes que se convertirán en realidad. Y aunque el viaje lo hago sola, me acompaña el pensamiento. 

De la perfección (o casi) al reinante caos

Barcelona es casi la perfección.

El ciclista tiene la preferencia en cada una de las calles de la ciudad. El timbre del ciclista, imperante, gobierna las calles.

Dos días después de haber llegado a la ciudad marítima, ya tenía mi bicing y andaba por las calles cual reina catalana.

Aún así, tenía siempre miedo de ciertas avenidas (todas con el respectivo carril de bicicleta marcado), rotondas y turistas de los barrios gótico, born y la barceloneta.

Así, no tardé en armarme de valor e imaginarme por las calles de la Ciudad de México.

Dos días después de mi regreso, ya tenía en mis manos la ecobici. Una mañana me dispuse a viajar por los carriles de la ciudad.

No habían pasado 24 horas, la primera muerte del 2015 sonaba en todos lados. sonaba porque la ciclista q.e.p.d, era hija de alguien importante, estoy segura que existen atropellos anteriores de los que no tenemos idea.

Se decidieron ciertas normas y se puso “especial énfasis” en hablar de ciudades “amigables con el ciclista”. Se construyeron ciclovías y se regalaron chalecos fluorescentes.

No basta con eso.

En México falta una clara ética y el civismo se escondió más abajo de las alcantarillas. Vendedores ambulantes, coches, motocicletas y claro, peatones, se interponen en la ciclovía, como si fuera extensión de sus vidas. No sé si son ignorantes, o deliberadamente ignoran que este espacio sea para los ciclistas.

Mi día a día sobre dos ruedas puede ser muy estresante en el reino del caos.

Gritos, insultos, sustos de morir atropellada esquivando al enésimo peatón que no entiende que se tiene que mover, provocando serios incidentes, son algunas de las cosas que se vive como ciclista, sin contar a todos aquellos compañeros que deciden ir en sentido contrario en un minúsculo carril, y a los basureros, barrenderos vendedores de tamales y demás chunches, que decidieron hacer caso omiso de la clara flecha que indica el sentido.

EL caos reinante no se detiene con chalecos rosas fluorescente, cascos y una paciencia del tamaño del mundo. Cursos o al menos letreros más grandes que expliquen que esa es una ciclovía, especial para gente en bicicleta son urgentes.

¿Cuál es su propuesta?

¿También están cansados de que a nadie se le escuche? Y si son extranjeros, ¿qué creen que estamos haciendo mal?

 

antes que anochezca

Faltan 10 minutos para las doce. Algo tendré qué escribir aquí. Me siento nerviosa. Estos días he posteado algo cada día y siento que no tengo mucho que decir.

En una semana me voy de voluntaria al sundance. Temperaturas bajo cero me acompañarán. Veremos qué sucede. Serán quince días de puro cine. Estoy nerviosa pero feliz.

Viajar me deja contenta. Así que ya me estoy emocionando por lo que vine.

Finalmente envié mis postales a todas las direcciones. Mi primera postal a Taiwan y otras cositas.

Este es un post sin motivo de serlo, la verdad, pero como propósito de año me dije: mí misma, tienes que aprender a disciplinarte y escribir todos los días.

Heme aquí.

También estoy viendo la posibilidad de comenzar en serio, a escribir historias.

Veremos qué pasa. Mientras tanto, antes que caigan las doce de la noche, me encuentro en mi nueva habitación, escuchando los nuevos ruidos de la calle e imaginando pasos en mi cerebro.

New place and new postcards wall! 😍

Canto III

Mis venas son raíz de todos los hechizos,
sangre que lleva canciones,
lágrimas calientes enteras o en mitades, sepultan cada grito,
cada desesperanza.

Soy fuego y nido
jardín del pájaro.

Cepo que regala un último respiro a aquello que ha caído,
imposibilitando destinos, acaso creando nuevos.
Soy espíritu que alimenta la rala esclavitud. Vicio adormecido.

Mis venas no esperan, aturden el entendimiento.
El cerebro se embriaga con letras inocentes,
melodías sinceras, la voz de otra galaxia.

Me dices que soy fuego.
Y nido, respondo.
Jardín del pájaro. Decimos al unísono.

Podría escribir en un millar de palabras
que soy yo el hechizo, que eres tú el pacto, que somos, juntos lentamente,
el aire que levanta.

Mi madre es mi roomie

No puedes llevar a nadie a tu cuarto. Su regla de oro fundamental intocable, aún así, nunca manifestada.

Hay que limpiar todo. Platos, vasos, piso, bañera. Apenas sale una de bañarse, hay que limpiar como si no hubiera un mañana.

Con cualquier otro roomie, en una fiesta compartida, habríamos arreglado un día después en el mejor de los casos, o ignorado la basura y esperado a la persona de limpieza en el peor de ellos. Mi madre, una máquina humana, lo hace todo sin pestañear en el instante siguiente a la partida de los invitados. Y claro, hay que seguirle la corriente.

Es una fatiga continua para mí, millennial del 90, llena de complejos e incertidumbres, que se pregunta día con día: ¿en qué momento se me ocurrió meterme a vivir con mi madre?

Independencia económica así como se dice, tampoco es que la tengo, así que aún dependo de mis padres, pero me sienta raro, después de ocho años volver al nido familiar intentando explicar el funcionamiento de una casa en común con compañeros de piso.

Mi ex suegra, que aún mantiene a mi exnovio con el que vive, me preguntó si no era un poco arriesgado volver a vivir con mi madre (sí, me sigo hablando con mi ex suegra a que considero muy mi suegra más que ex, ya que el estatus de exnovio, al exnovio, tampoco le queda, tema aparte). Me parece una apuesta valiente (claro, tengo que pensar en positivo) el “volver” a casa. Explico.

Mi madre decidió mudarse a la capital hace poco más de un año, aunque hasta hace dos meses finalmente lo logró. Nuevos aires y nuevos rostros la trajeron acá. Después de una recuperación post operatoria, llegó a la capital del smog y me atrapó en su vorágine. Como de costumbre. Discutimos casi un mes por vivir juntas o separadas. Al final el destino se encargó de decidir. Frente a mi casa comenzaron a construir un edificio. Ruido 24/7 me obligó a salir huyendo del lugar. ¿Y ya que estaba yo también buscando casa, por qué no compartir?

Hemos cuestionado cada movimiento de la otra hasta el cansancio. No es fácil vivir con tu madre.

El punto positivo: ningún listo trata que la noche termine en mi habitación. Sólo tengo que mencionar la palabra mamá, para que acabe en tranquilidad asegurada.

La comida es fantástica. Ella siempre sabe lo que quiero. Aunque se ha vuelto insoportable su manera de criticar mi manera de comer. Todos los vicios que adquirí en mis años de libertad llegan a niveles insospechados a su lado. Me siento culpable e infantil de mis ideas propias. Las madres pueden ser una pesadilla.

Las hijas también. Soy celosa de su vida. Quiero hacer todo con ella. Plan siamesas. Me escucha, supongo que piensa que la mitad de lo que digo son bobadas.

Me confesó un día que un tipo con el que yo salía le dijo: tu hija era diferente. Más madura e interesante. Cuando llegamos y los vio (a mi casa, y a mis padres), se transformó en un monstruo. El chico no me habla desde entonces (aunque sigue siendo amigo de mi madre). En ese momento le dije a mi mamá que saliera de mi casa y no volviera más. No quería verla. A ella, que seguía hablándose con ese patán. Sin decirle nada, sin defenderme. Pero poco a poco entendí que él tenía razón.

Al irme de casa, a mis 18, no busqué mi rumbo en la vida, dejé que todo pasara y me moldeara como fuera. El resultado es un híbrido entre adulto-niña que se pregunta todo el tiempo qué hace, porqué lo hace y para qué. Que esta medio molesta por todo y con todos, y medio encantada por haberlos conocido.

Así, la valentía de la decisión reside en, finalmente, entrar en paz conmigo misma y decir: venga, lo que me queda de tiempo, tengo que aprenderlo a vivir tranquila con la gente que quiero, respetarla y amarla. ¿Será eso madurar? No lo sé, lo que sé es que mi madre es mi roomie y a veces está genial, y a veces apesta. Pero así es la vida, ¿no?