La cerveza y dónde encontrarla

Abro la puerta del refrigerador y me encuentro un six de xx ámbar.

Me quedo unos segundos observándola. En mi mente se divide un pensamiento. Qué rica, por dios, invade un polo. Y el otro, en un continum maravillado, se percata que esas cervezas son suyas y que es interesante que sean, definitivamente, suyas.

Hace un tiempo sucedió con el vino, pero esas eran cosas que parecían del día a día. Me gustaba el vino. Me gustaba mucho el vino. No sé en qué momento me encontré a mi misma en los pasillos de un supermercado decidiendo qué vino llevar a casa para el propio autoconsumo.

Finalmente me acepté como bebedora e inclusive en la búsqueda de reinar una cava. Estaba contenta. Algún novio que tuve me cultivó aún más el amor por el vino, así, podía definitivamente tomarme un litro sin que se me subiera tanto a la cabeza. Pero nunca logró que me gustara la cebada. Puag.

Después de muchos años de una relación de odio con el líquido amarillo, fue el año pasado cuando caí presa de su inequívoco sabor. El olor aún me sigue produciendo asquito, pero el sabor de la cerveza ámbar me gustó tanto que no tardé en buscar lugares dónde comprar un montón de nuevas variedades: las artesanales, las extranjeras, las de siempre. Mi gusto no es fácil, y en realidad no hay ninguna que iguale la xx ámbar, pero me encanta probar el vasto mercado.

¡Quién lo diría! Estoy segura que mi vida habría sido menos dura de haberle abierto los brazos a la señora cerveza. Una sola, en tu mano, en la noche menos fría, al compás de alguna rumba, provoca repentinamente diez admiradores. Pero siempre estaba ahí, con una copa de vino en mis manos, si bien me iba. Generalmente era agua.

Nadie entendió nunca cómo pude sobrevivir tanto tiempo a una bebida tan normal. La verdad es que nunca me gustó, y quizá sea una bebida de gusto adquirido, o sea, con el tiempo. Como todas las bebidas, en realidad.

Ahora me encuentro prefiriendo una cerveza sobre una copa de vino. Mi ex podría reírse. ¡Quizá seguiríamos juntos! (Era un cervecero empedernido).

Para encontrar una buena cerveza en esta ciudad basta con tenerla en el refrigerador. Los lugares son siempre, lo de menos.

 

Llegar a lo impensable

Españolsexy32, de casi 35 ahora, nunca pensó que me convertiría en ferviente admiradora de Twin Peaks, aunque me hizo ver todos los capítulos que nos fue posible durante nuestro breve romance. 

Después de tres años (WOW, tres años ya están a punto de pasar), y de manera aleatoria, llegué hasta Utah para voluntatear en Sundance. ¿Y qué hay en Utah? Un pequeño pueblito llamado, justamente, los picos gemelos. 

A veces uno, sin pensarlo, hace planes que se convertirán en realidad. Y aunque el viaje lo hago sola, me acompaña el pensamiento. 

De la perfección (o casi) al reinante caos

Barcelona es casi la perfección.

El ciclista tiene la preferencia en cada una de las calles de la ciudad. El timbre del ciclista, imperante, gobierna las calles.

Dos días después de haber llegado a la ciudad marítima, ya tenía mi bicing y andaba por las calles cual reina catalana.

Aún así, tenía siempre miedo de ciertas avenidas (todas con el respectivo carril de bicicleta marcado), rotondas y turistas de los barrios gótico, born y la barceloneta.

Así, no tardé en armarme de valor e imaginarme por las calles de la Ciudad de México.

Dos días después de mi regreso, ya tenía en mis manos la ecobici. Una mañana me dispuse a viajar por los carriles de la ciudad.

No habían pasado 24 horas, la primera muerte del 2015 sonaba en todos lados. sonaba porque la ciclista q.e.p.d, era hija de alguien importante, estoy segura que existen atropellos anteriores de los que no tenemos idea.

Se decidieron ciertas normas y se puso “especial énfasis” en hablar de ciudades “amigables con el ciclista”. Se construyeron ciclovías y se regalaron chalecos fluorescentes.

No basta con eso.

En México falta una clara ética y el civismo se escondió más abajo de las alcantarillas. Vendedores ambulantes, coches, motocicletas y claro, peatones, se interponen en la ciclovía, como si fuera extensión de sus vidas. No sé si son ignorantes, o deliberadamente ignoran que este espacio sea para los ciclistas.

Mi día a día sobre dos ruedas puede ser muy estresante en el reino del caos.

Gritos, insultos, sustos de morir atropellada esquivando al enésimo peatón que no entiende que se tiene que mover, provocando serios incidentes, son algunas de las cosas que se vive como ciclista, sin contar a todos aquellos compañeros que deciden ir en sentido contrario en un minúsculo carril, y a los basureros, barrenderos vendedores de tamales y demás chunches, que decidieron hacer caso omiso de la clara flecha que indica el sentido.

EL caos reinante no se detiene con chalecos rosas fluorescente, cascos y una paciencia del tamaño del mundo. Cursos o al menos letreros más grandes que expliquen que esa es una ciclovía, especial para gente en bicicleta son urgentes.

¿Cuál es su propuesta?

¿También están cansados de que a nadie se le escuche? Y si son extranjeros, ¿qué creen que estamos haciendo mal?

 

antes que anochezca

Faltan 10 minutos para las doce. Algo tendré qué escribir aquí. Me siento nerviosa. Estos días he posteado algo cada día y siento que no tengo mucho que decir.

En una semana me voy de voluntaria al sundance. Temperaturas bajo cero me acompañarán. Veremos qué sucede. Serán quince días de puro cine. Estoy nerviosa pero feliz.

Viajar me deja contenta. Así que ya me estoy emocionando por lo que vine.

Finalmente envié mis postales a todas las direcciones. Mi primera postal a Taiwan y otras cositas.

Este es un post sin motivo de serlo, la verdad, pero como propósito de año me dije: mí misma, tienes que aprender a disciplinarte y escribir todos los días.

Heme aquí.

También estoy viendo la posibilidad de comenzar en serio, a escribir historias.

Veremos qué pasa. Mientras tanto, antes que caigan las doce de la noche, me encuentro en mi nueva habitación, escuchando los nuevos ruidos de la calle e imaginando pasos en mi cerebro.

New place and new postcards wall! 😍

Canto III

Mis venas son raíz de todos los hechizos,
sangre que lleva canciones,
lágrimas calientes enteras o en mitades, sepultan cada grito,
cada desesperanza.

Soy fuego y nido
jardín del pájaro.

Cepo que regala un último respiro a aquello que ha caído,
imposibilitando destinos, acaso creando nuevos.
Soy espíritu que alimenta la rala esclavitud. Vicio adormecido.

Mis venas no esperan, aturden el entendimiento.
El cerebro se embriaga con letras inocentes,
melodías sinceras, la voz de otra galaxia.

Me dices que soy fuego.
Y nido, respondo.
Jardín del pájaro. Decimos al unísono.

Podría escribir en un millar de palabras
que soy yo el hechizo, que eres tú el pacto, que somos, juntos lentamente,
el aire que levanta.

Mi madre es mi roomie

No puedes llevar a nadie a tu cuarto. Su regla de oro fundamental intocable, aún así, nunca manifestada.

Hay que limpiar todo. Platos, vasos, piso, bañera. Apenas sale una de bañarse, hay que limpiar como si no hubiera un mañana.

Con cualquier otro roomie, en una fiesta compartida, habríamos arreglado un día después en el mejor de los casos, o ignorado la basura y esperado a la persona de limpieza en el peor de ellos. Mi madre, una máquina humana, lo hace todo sin pestañear en el instante siguiente a la partida de los invitados. Y claro, hay que seguirle la corriente.

Es una fatiga continua para mí, millennial del 90, llena de complejos e incertidumbres, que se pregunta día con día: ¿en qué momento se me ocurrió meterme a vivir con mi madre?

Independencia económica así como se dice, tampoco es que la tengo, así que aún dependo de mis padres, pero me sienta raro, después de ocho años volver al nido familiar intentando explicar el funcionamiento de una casa en común con compañeros de piso.

Mi ex suegra, que aún mantiene a mi exnovio con el que vive, me preguntó si no era un poco arriesgado volver a vivir con mi madre (sí, me sigo hablando con mi ex suegra a que considero muy mi suegra más que ex, ya que el estatus de exnovio, al exnovio, tampoco le queda, tema aparte). Me parece una apuesta valiente (claro, tengo que pensar en positivo) el “volver” a casa. Explico.

Mi madre decidió mudarse a la capital hace poco más de un año, aunque hasta hace dos meses finalmente lo logró. Nuevos aires y nuevos rostros la trajeron acá. Después de una recuperación post operatoria, llegó a la capital del smog y me atrapó en su vorágine. Como de costumbre. Discutimos casi un mes por vivir juntas o separadas. Al final el destino se encargó de decidir. Frente a mi casa comenzaron a construir un edificio. Ruido 24/7 me obligó a salir huyendo del lugar. ¿Y ya que estaba yo también buscando casa, por qué no compartir?

Hemos cuestionado cada movimiento de la otra hasta el cansancio. No es fácil vivir con tu madre.

El punto positivo: ningún listo trata que la noche termine en mi habitación. Sólo tengo que mencionar la palabra mamá, para que acabe en tranquilidad asegurada.

La comida es fantástica. Ella siempre sabe lo que quiero. Aunque se ha vuelto insoportable su manera de criticar mi manera de comer. Todos los vicios que adquirí en mis años de libertad llegan a niveles insospechados a su lado. Me siento culpable e infantil de mis ideas propias. Las madres pueden ser una pesadilla.

Las hijas también. Soy celosa de su vida. Quiero hacer todo con ella. Plan siamesas. Me escucha, supongo que piensa que la mitad de lo que digo son bobadas.

Me confesó un día que un tipo con el que yo salía le dijo: tu hija era diferente. Más madura e interesante. Cuando llegamos y los vio (a mi casa, y a mis padres), se transformó en un monstruo. El chico no me habla desde entonces (aunque sigue siendo amigo de mi madre). En ese momento le dije a mi mamá que saliera de mi casa y no volviera más. No quería verla. A ella, que seguía hablándose con ese patán. Sin decirle nada, sin defenderme. Pero poco a poco entendí que él tenía razón.

Al irme de casa, a mis 18, no busqué mi rumbo en la vida, dejé que todo pasara y me moldeara como fuera. El resultado es un híbrido entre adulto-niña que se pregunta todo el tiempo qué hace, porqué lo hace y para qué. Que esta medio molesta por todo y con todos, y medio encantada por haberlos conocido.

Así, la valentía de la decisión reside en, finalmente, entrar en paz conmigo misma y decir: venga, lo que me queda de tiempo, tengo que aprenderlo a vivir tranquila con la gente que quiero, respetarla y amarla. ¿Será eso madurar? No lo sé, lo que sé es que mi madre es mi roomie y a veces está genial, y a veces apesta. Pero así es la vida, ¿no?

Un viaje que se vuelven mil

Dejarse llevar en un viaje, no es fácil. Se requiere de maestría, sobre todo para una que se la pasa diseñando todos los minutos y segundos de cómo deberían ser las cosas.

Pero tampoco es imposible. Se trata de estar con la gente correcta en el momento correcto, y si esa gente no pareciera ser correcta, intentar conocer todas las esquinas de sus cuadros y residir en sus espacios. Se puede, si se es paciente.

Un amigo me dijo: cálmate. Vas muy acelerada. Este post se lo dedico a él. Después de todo, ¿qué somos sin los amigos?

El 31 de diciembre de 2015, agarré una maleta y di la vuelta a la manzana. La tradición ya lleva casi cuatro años en mi vida, y me parece bastante divertida. Me acompañó mi papá porque tenía miedo que alguna bala perdida me dejara sobre el pavimento. Aunque él no viajó mucho, espero que haya viajado con mis historias y mis fotografías.

Mi cumpleaños, que es el día en que yo creo que en realidad cada uno de nosotros empezamos nuestro nuevo año, lo pasé trabajando, y fue genial. En efecto este año estuvo lleno de viajes y trabajo.

Un viaje me llevó a otro y aprendí a dejarme llevar por el momento y la compañía. Decidí calmarme y mirar todo en ralenti. A veces va bien, a veces enloquezco.

Un viaje se volvieron mil. Uno fue amoroso, otro asombroso. Uno completamente aventurero. Uno para descubrir el trabajo de mis sueños. Y a las personas más importantes de mi 2016.

Los viajes no son sólo a lugares. Son con personas, hacia sentimientos. Algunos se extrapolan, otros se interiorizan. Otros se mezclan todos. Nos confunden, pero nunca nos dejan de enseñar cómo aprender.

Por eso hay que ser muy cuidadosos, extremadamente cuidadosos. Encontrar el hilo y seguir su caminar. Volar hasta alcanzar la altura necesaria para suspender las alas y caer en picada. Luego entendemos quienes somos y porque vamos a donde vamos. Son pequeños pasos, atajos para entender a dónde dirigimos la mirada de verdad, a dónde van los sueños.

He encontrado historias dentro de las historias. Se han vuelto importantes los minutos y las horas.

Pero lo más importante es aprender a controlar sólo lo necesario y dejar que todo lo demás tome el curso que quiera.

Es que así es esto, un viaje que se convierte en mil.

Emergencia Nacional

¿Qué está pasando con los lectores?

Hoy fue la inauguración de la FIL (Feria Internacional del Libro de Guadalajara) y me llevé un chasco.

Llegué por la mañanita al frío abrazador de la capital tapatía con un amigo y mi mamá. Los tres nos tomamos con mucha calma el arribo y nos fuimos a desayunar, a buscar el hospedaje y quedamos más tarde con mi padre en el centro.

En otras ocasiones mi mamá estaría dando brinquitos, ansiosa por llegar a la expo, probablemente ya se sabría el programa de memoria, los autores invitados, los artistas de la noche.

Pero esta vez nada. Llegamos a la FIL a las siete de la tarde, pensando que encontraríamos una feria del libro abarrotada de gente, con pasillos imposibles de caminar, unas desalentadoras dos últimas horas.

Cuál fue mi sorpresa al contemplar un espacio semivacío, y constatar con gente de diversos stands que el día había estado todo igual.

Yo no sé qué es. Si la crisis económica o la crisis lectora.

El año pasado, y durante 29 años, esta feria se ha ido ganando el terreno lector nacional e inclusive internacional, pero el 2016 ha sorprendido a todo mundo con una devastadora realidad: los lectores son pocos, o nulos.

Rescate en el tiempo

Necesitas un pulmón que respire. Un aire sofisticado. Una eterna lucha idiota. Contra reloj.

Necesitas una vida digna de ser vivida, que recuerdes las caricias, los besos escondidos.
Nada de esta lista es básico. Podrías sobrevivir sin ello. Y sin embargo mueres.

Por las calles del ramen, por el frío apaciguante, por las noches de locura, por el recuerdo loco de los pasos a las tres de la mañana en el barrio gótico. Por tu mirada que inyecta lágrimas a mi mirada.

Rescate en el tiempo, volver atrás el cielo a cuando lunas enigmáticas nos saludaban desde lejos.